sábado, 18 de abril de 2009

Una pequeña historia y un cuento...

Segundo Post!!!
Cero tiempo para nada T_T... Habiendo terminando mi estudio del día sábado (maldita física) que terminaron por fundir mis queridos sesos, se me ocurrió que lo mejor para hoy sería subir un cuentito que escribí como en tercero o cuarto medio, cuando apenas iniciaba mi pasión por los zombies (aunque mi fijación con los cementerios y esas cosas ya llevaba... emm... toda mi vida) que se desató durante una semana santa en la que me enfermé por comer muchos huevitos y me vi obligada a estar en cama viendo una peli... específicamente "El Amanecer de los Muertos" (el remake) que me dejó absolutamente pasmada y le dio un vuelco a mi vida.
Este cuento en realidad poco tiene que ver con eso... pero me pareció interesante ponerle un contexto xD...
Está escrito con mucho cariño... 
Disfrútenlo!!

Amigos por exhumación
Y a era pasado medianoche. Caminé hacia el final de la calle y llegué al pequeño
cementerio. Éste era uno de esos pueblitos que conservan la burda tradición de enterrar a sus muertos a pasos de las residencias. Pero, para mi suerte, éste se trataba de un barrio más bien periférico y de casas abandonadas.
Pasé la reja de un saltito y arrastré mi pala por el pasto mal cuidado y oscuro. Se notaba que ninguno de los silenciosos habitantes de aquel lugar tenía quién los visitara: Flores putrefactas -seguramente desde hace años allí- adornaban tumbas musgosas en las que ni siquiera se notaban los nombres. Seguramente los parientes, que vinieron a dejar flores alguna vez, también reposaban allí.
¿No hay nadie quién los visite?, ¿Existe acaso alguien que por lo menos relea sus nombres?...bueno, yo vengo a hacerles compañía, es más, yo los saco a pasear.
La tierra de cementerio es blanda siempre. Elijo una tumba del fondo, A pesar de que ya nadie recorre esta calle, y comienzo mi labor. Es una lápida simple, limpio un poco el musgo y leo un nombre de hombre y una fecha más que remota: 1888.
No sabría decir bien que me llevó a adoptar este pasatiempo, aunque debo decir que el ocio siempre me ha llevado a hacer sandeces y es un factor importante en este caso. La muerte -mi tema por excelencia- me ha obligado a adoptarla prácticamente como un estilo de vida. Siempre produciendo una atracción impetuosa en mi persona, el trabajo a medio tiempo como fotógrafa para los expedientes de la morgue local se volvió insuficiente, necesitaba pasar de lo visual a lo táctil, poder sentir aquella degradación del ser entre mis manos.
Al fin, mi pala toca la superficie de madera oscura de un ataúd. Tiene terminaciones en plata y la madera se ve bastante deteriorada. Dejo mi fiel compañera a la altura del suelo y abro cuidadosamente la tapa del féretro -su antigüedad me dice que no esta sellado- escucho ese chirriar de las bisagras: música para mis oídos.
Observo el cadáver. Es muy joven, prácticamente de mi edad...y se nota, es impresionante, ¡¿está vivo?!, ¡no!, parece estarlo, no hay gusanos, no creció su pelo ni sus uñas con ese color amarillento y putrefacto... su piel conserva cierto rubor, no se ve mojada y rugosa como la de los demás, su traje está estirado y su pelo engominado. Siento un penetrante olor a flores, proviene del ataúd. De improviso, y reprochándome mi torpeza, reparo en lo más impactante de mi nuevo amiguito: sus dos ojos están abiertos y conservan un aspecto horrorosamente vivo.
Su cuerpo irradia vida, pareciera que se va a levantar y que me va a invitar a tomar helados con esa exagerada cortesía de hombre bien educado. Yo que buscaba muerte me vengo a encontrar con el más vivo de los de su tipo. No puedo dejar de mirarlo, ¡tanta vida!, más que en mi propio cuerpo, ¡lo odio! Pero...¿no es la cara más bonita que has visto en toda tu vida?
Voy a cerrar la tapa, pero una pena profunda -casi una culpabilidad- me ataca al tratar de hacerlo. ¿Y qué importa?, ya me he paseado por ahí en el auto de mi madre con cadáveres, ¡y en estados infinitamente peores que éste!
Tomo su tronco y con espanto noto que su cuerpo conserva bastante temperatura. Lo levanto con dificultad y lo deposito al lado de mi pala, miro la tumba vacía que, la verdad, se ve como nueva.
Tapo las evidencias de nuestra salida y lo llevo al auto junto con la pala. Pensaba echarlo en la maleta, pero sería más divertido llevarlo de copiloto y pasaría inadvertido. Él era bastante liviano y al transportarlo al auto parecíamos dos amigos caminando abrazados.
Lo llevé al cine, había una maratón de películas de terror y la disfruté bastante, sobretodo comentándole cosas a un ser inanimado...
Llegamos a mi casa al alba, lo escondí en mi closet que tiene un pasadizo hacia la pieza de invitados a la que nadie entra y me acosté.
Desperté casi al mediodía habiéndolo olvidado todo. Bajé las escaleras en pijama y cuando fui a decir buenos días a mi madre, que estaba en el living, me encuentro con la sorpresa (catástrofe más bien) de que mi compañero de juerga estaba sentado en el sillón grande con el televisor encendido, como si estuviese viéndolo.
Lo tomé con precipitación y lo subí a mi pieza, dejándolo acostado bajo la cama. Bajé las escaleras rápidamente, casi con taquicardia. Mi madre, que en realidad estaba en la cocina, me saludó y dijo – sírvele desayuno a tu amigo, ¡¿porqué no me avisaste que teníamos invitados?! me encanta que hagas nuevas amistades. Además él se ve tan ordenado y buen mozo, aunque es bastante callado- quedé pasmada y sólo pude decir –él se tuvo que ir mamá.
Me pasé el día preguntándome como hizo para bajar las escaleras, ¿lo habrá bajado mi madre? Extraño por decir lo menos.
Por la tarde decidí sacarlo a pasear un rato y salimos en el auto. Fuimos al parque y lo senté a mi lado en un banco. Su cuello flácido hizo que su cabeza cayera sobre mi hombro y así vimos el atardecer. ¿Sería demasiado extraño decir que su compañía me parece más pertinente que la de la gran mayoría de mis pares vivientes? Según mi perspectiva de las cosas la respuesta es NO. Por eso lo invité a quedarse en mi casa otra vez. Es un alivio tener la seguridad de que mi madre no entra a mi pieza. Supongo que le da miedo, porque se ven varias copias de mi trabajo en la morgue local, además no me importa hacer el aseo y mi cama. Ella siempre se entusiasma cuando vienen “mis amigos”, la verdad es que no tengo muchos.
Se preocupó de servirnos comida a los dos en mi pieza -yo llevé las bandejas, claro. Vimos televisión hasta tarde y estalló una tormenta eléctrica (¡excelente!). Lo fui a acostar como a las tres de la madrugada y me acosté yo.
Súbitamente despierto, todavía es de noche, no sé bien si por un trueno o algo más. Un relámpago ilumina toda mi pieza y mi sobresalto es inmenso al ver a mi amiguillo parado al costado de mi cama. Me incorporo con pavor, y me alejo de él. Prendo la luz y mi horror aumenta al advertir que me observa penetrantemente con ésos ojos mezcla de verde y negro. Me muevo hacia una esquina de la pieza, él me sigue con su mirada. Siento que mis piernas van a fallar de tanto tiritar. De repente su rostro cambia su inexpresividad y abre su boca, dice –disculpe usted el sobresalto que le he causado, hermosa señorita. Yo sólo contemplaba su belleza, reflexionaba sobre su bondad y me preguntaba si querría acompañarme a tomar unos helados...
ZOMBIE

5 comentarios:

  1. =O ke wena..
    ejejej
    me gus to me gusto...


    oye definitibamente tienes pasta para el cuento....

    se le kiere estimada amiga...le tinka un helado???


    B!o.!

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  2. de todas maneras tiene pasta para esto
    a mi me encanto el cuento
    ademas ahora esta dedicado :)
    muy bueno
    :*

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  3. de todas maneras tiene pasta para esto
    a mi me encanto el cuento
    ademas ahora esta dedicado :)
    muy bueno
    :*

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  4. sii
    muy muy bueno

    http://directoalojo.wordpress.com/

    jejej

    ese es mi blog...lo acabo de hacer asi ke no tiene casi nada..por no decir nada

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